Recién comenzaba la primavera y para muchos era un motivo de alegría, pues sus días ya no serían vestidos por el gris del cielo nublado ni la ciudad se vería arropada por la densa niebla en las mañanas. Pero alguien observaba tras su ventana, veía el ascenso de la neblina y mientras lo hacía dejaba que su mente se elevara junto con ella, en cierto modo eran buenos tiempos a pesar del frío; pero incluso ahora con el cambio de estación no podía evitar ver por su ventana y pensar.
Veía como el mundo seguía su curso, como la Señora Aldrich salía todos los días a las 6:30 a.m. en su acostumbrado camisón de dormir aceituna de seda, acompañado de un abrigo ligero de lana color gris y servía leche en un plato al lado de la puerta, evidentemente esperaba que su mascota Noxy, su gata Korat que su hija le había traído de Tailandia de la ciudad que da origen a su nombre en uno de sus viajes como escritora, la gata, tan elegante como los finos gustos de dueña, poseía ojos verde y siempre alertas, y ni hablar de su fino pelaje; pero lo que la Señora Aldrich desconocía era como ese plato de leche que servía cada mañana alimentaba además de su gata, a dos gatos siameses de un vecino al otro lado la calle, quienes ya habían notado su rutina y se aprovechaban de que Noxy dormía plácidamente varios minutos más, y era la razón de su constante enojo al ver su plato en varias ocasiones vacío al despertar.
Pero lejos de reparar siempre en este tipo de situaciones nuestra protagonista, Lynn de 17 años, en su gran mayoría de veces solo dejaba fija su mirada, y aunque las cosas pasaran delante suyo, su mente por el contrario estaría en otra parte. Se cuestionaba ¿Cómo es una vida normal? ¿Qué o quién determina lo que es normal en esta vida?, la televisión y el cine nos venden imágenes de unión familiar y momentos de alegría con amigos; todo esto para ella era solo una ilusión.
Para poder entender su punto de vista deberíamos saber un poco mas de Lynn, su padre Patrick Fernsby había fallecido desde hace 2 años, pero para ella murió el día que abandonó a su madre y su hermano menor Nathan, quién ahora tiene 12 años, por otra mujer, quién a simple vista se le notaban sus intenciones, ¿Cuáles eran?, simple, drenarle el dinero que había recibido por el fallecimiento de su abuelo, Noah Fernsby. Quizás no le molestaría tanto de haber respondido por ellos, pero no fue así y en medida preventiva, Lynn persuadió a su madre para que una de tantas noches en las que el Sr. Fernsby llegaba ebrio, le hiciese firmar un documento de traspaso de bienes categorizado como donación de propiedad.
-No Lynn, esto puede ser ilegal.. y...
-Y qué? ¿Acaso no ves lo que está pasando aquí?!
-Lynn baja la voz tu hermano esta durmiendo -dijo algo desconcertada.
-Vale, pero dime ¿Qué te detiene?
-No espero que lo entiendas, pero realmente espero que esto sea una fase, que tu padre..
-..Se vaya con otra?? ¿Acaso eres tan ciega madre?-sus ojos ya vislumbraban pequeñas lágrimas- Por favor, no ves que esto va a terminar con nosotros.
La Señora Frensby rompe en llanto, y horrorizada como si recién la realidad le cayera como un baldado de agua frío en invierno, se llevó sus manos a la cara avergonzada, y en medio de jadeos entrecortados posó su cabeza sobre los hombros de su hija.
-Madre, entiéndelo. -dijo mientras la rodeaba con sus brazos- Entre lo que se gasta todas las noches bebiendo y lo que esa golfa le sacará sin que él se de cuenta, pronto no habrá dinero, debemos asegurar lo poco que queda antes de que lo perdamos.
-Hija, no creas que no lo sé, solo que no esperaba que las cosas con los años acabasen así.
-Mírame -La Sra. Fernsby levantó levemente su mirada, tal cual hacía su hija de pequeña luego de ser regañada- Quiero que sepas que a diferencia de las novelas, el amor de un hombre no siempre perdura, pero Nathan y yo, tus hijos, siempre.. escúchame bien, SIEMPRE estaremos contigo, te amo madre.
-Oh Lynn, cuanto has crecido mi niña, y no solo lo digo en centímetros, has madurado y ni lo he notado, gracias hija.
-Supongo que es preferible ver la vida a través de una ventana que de un televisor.
Era pasada la medianoche y en medio de llanto y consuelo la Sra. Fernsby junto con su hija concluyeron en lo iba a pasar un par de horas mas tarde, cuando en las inmediaciones de una silenciosa noche de otoño hace poco más de dos años se viera interrumpida por la poca sutileza del Sr. Fernsby al llegar a casa. Ya adentro, la Sra. Fernsby como puede lo sienta en una de las sillas del comedor, pues había acordado con Lynn que ella no estaría presente; soportando el fétido olor a alcohol que emanaba no solo de su, boca con cada balbuceo que daba, sino también de su ropa, aparentemente se había regado encima mas de un trago, y creando tanto el ambiente como el personaje de la fiel y dedicada esposa, preparó un caldo mientras él babeaba dormido encima de los individuales de flores encima de la mesa. Una vez estuvo listo el caldo lo despertó y al igual que hacía años atrás alimentaba a Lynn y Nathan, alimentó cucharada tras cucharada a su esposo, quién de vez en cuando tosía y regaba parte del caldo, cuando terminó el plato lo dejo tendido de nuevo en el comedor durmiendo.
Era una fortuna en esos momentos para la Sra. Fernsby que su reloj cucú hubiera dejado de funcionar hacía un par de meses, pues para como tenía los nervios en ese entonces muy seguramente se habría dado un susto de muerte. Pero aún si no había un cucú que le avisara la hora no era necesario, pues había estado frenéticamente viendo la hora cada minuto y pensaba que el tiempo no pasaba, si ese cucú estuviera funcionando habría salido y advertido que ya eran las 4:00 a.m. Habiendo pasado ya dos horas aproximadamente que su marido yacía dormido en el comedor, creyó conveniente proceder y afrontar sus miedos, así que puso a hacer café y mientras éste se hacía cientos de escenarios, situaciones y finales pasaron por su mente a manera de premonición consecuencia de lo que iba a hacer, pero volvió a la realidad al oír el pitido de la cafetera que anunciaba que el café estaba listo. Con sutileza y convirtiendo el miedo en valor, despertó a su esposo.
-Cariño.. despierta... Vamos Patrick despiértate.
-..Mmm.. ¿Dónde estoy? ¿Qué hora es mujer? -dijo mientras apenas si podía abrir los ojos, pues a pesar de estar la casa sin luces encendidas, la ventaja de la cocina dejaba entrar los primeros vestigios de luz del día.
-Anda, tómate esto. -dijo acercándole la taza de café- Patrick, es tiempo de que hablemos.
El Sr. Fernsby solo la miró intrigado, ¿Qué podrían hablar a esas horas que no podría esperar a más tarde?, igual asintió con la cabeza mientras bebía a sorbos su café.
-Cuando nos casamos, además de jurarnos amor, prometimos hacer siempre lo mejor por nuestros hijos, bueno en ese momento Lynn.
Él solo asintió de nuevo pero con los ojos cerrados, de cierto modo se podría decir que ya sabía hacia dónde iba todo eso.
-Y por mucho tiempo te he amado, pero también por ya hace algún tiempo he tolerado tu comportamiento últimamente, Patrick.. -dijo mientras lo tomaba de las manos y buscaba con sus ojos los suyos que estaban clavados en la negrura de su café- debes admitir que esto ya ha tomado un giro que no puedes controlar, tus constantes noches de borracheras, y tus escapadas con esa tal Natasha, sí lo se, y no solo yo, tus hijos se han dado cuenta, y no podemos tolerarlo más.
Poco a poco el rostro del Sr. Fernsby fue tornándose de diferentes maneras, que solo exponían sus sentimientos a escuchar esas palabras: primero sorpresa, luego vergüenza y finalmente tristeza, aunque esta ultima muy seguramente mezclada con algo de ira, pues lamentaba lo que había hecho, bueno en ese momento lo sentía.
-Sé que a ti te importa mucho la imagen ante la sociedad, y no quieres quedar mal, yo por mi parte solo quiero garantizar algo, mi vida con mis hijos en esta casa. Podrás ser libre de hacer lo que quieras, incluso irte lejos con tu Natasha, no diremos nada, sólo sería como si te hubieras ido de viaje de negocios; pero quiero que firmes este documento de traspaso de bienes, más que ni por mi hazlo por tus hijos.
-Esta bien.
En ese momento nunca se sabría si fue por la serenidad que manejo la Sra. Fernsby o el trato que le brindó sin objeciones mientras el furtivamente tenía su aventura con la sueca Natasha; pero aún así cualquier juraría que el Sr. Fernsby cambiaría noblemente entregando su casa a su esposa e hijos.
Luego de firmado el documento la tensión en la casa era extraña, largos y profundos silencios en la mesa, la Sra. Fernsby por su parte se sentía como si le hubiera robado, el Sr. Fernsby avergonzado y pensativo pues no sabia que iba a hacer, Lynn pensando que se le estaba pasando por la mente a su padre y que había pasado esa noche en cuestión, y Nathan cuestionándose a qué se debía tanto silencio.
Semanas después el Sr. Fernsby tomó una decisión y bajo la luna de una fresca noche de otoño se marchó, solo dejando una nota:
PERDÓN