jueves, 24 de abril de 2014

#04 Coco & Macadamia en Navidad

                          


Su vista recorría el centro comercial, pero aún si encontrara el valor dentro sí misma para atravesar la puerta de algún local y pedir un empleo ¿Qué iba a decir? Fuera de sus estudios de preparatoria no había nada más que pudiera ofrecer, no se sentía precisamente bonita y aún si lo fuera pareciera como si la belleza estuviera vetada por ella misma, odiaba a las mujeres que aprovechaban sus atributos físico para sacar provecho o ventaja de los demás, en cierta medida le recordaba a Natasha.

¿Desde cuando la supervivencia del mas apto se volvió la supervivencia de la más voluptuosa en cuanto a las mujeres? ¿Es acaso consecuencia de la igualdad pedida por las mujeres, que las llevan a competir en sí? No, si fuera así seguramente habrían menos matrimonios rotos y menos hijos indeseados o abandonados. ¿Entonces es el machismo el causante? Por mucho que lo pensara, y cualquiera que fuera la respuesta daría igual, eso no le ayudaría a tomar el control y afrontar la razón por la que estaba en ese momento de pie en el centro comercial.

Lynn podría perfectamente aparentar estar tranquila, pero en su cabeza solo habían dudas e inseguridades, así que para calmarse intentó imitar algunos de los ejercicios de respiración que su madre usualmente hacía cuando realizaba yoga; compró un capuchino y aclaró su mente.

--Vamos Lynn, tienes que ser fuerte. -se decía a sí misma- Vamos, es como cuando vas al médico para vacunarte, un pinchazo y listo. ¿Qué es lo peor que pueda pasar? ¿Que no me den el empleo?, bueno no regresaría a casa con menos y sí con un paseo por el centro comercial, recuerdos de antaño y un capuchino. Vamos esa es la actitud!

Acabó su capuchino, boto el vaso en el cesto de basura y empezó a escanear de nuevo el área, habían demasiadas tiendas pero ninguna con un cartel de "Se busca empleado", aún así nada se pierde con intentar y si para algo había demostrado Lynn habilidades era para su poder de observación.

--Veamos, empezaré por los que tengan mayor probabilidad de necesitar un empleado extra. La tienda de cafés en la que estuve hace un momento no creo, si bien parecen apurados con sus ordenes no creo que el negocio sea tan grande como para poder costearse otro empleado, estarán buscando como expandirse y eso sería un pequeño retraso. ¿Tiendas de ropa o zapatos quizás? Mmm.. Tampoco lo creo, cada tienda por la que pasé contaba con al menos 5 empleados, incluso hasta me parecían que alguno sobraba para locales tan pequeños. En la plaza de comidas no encajaré normalmente soy torpe con tendencia a romperlo todo, además por esta época seguramente buscarán personas con experiencia dada la demanda que tienen esos negocios.

Hasta que después de un rato de pararse a observar los pisos y los diferentes negocios dentro del centro comercial, creyó encontrar la posibilidad mas factible, y al haber hecho su propia revisión y posterior descarte de ofertas había minimizado el número de posibles rechazos, lo que ya era una victoria para su autoestima.

El local estaba situado cerca de la zona de juegos, con vista a la entrada y porqué no decirlo, en el piso mejor y mayormente decorado. Todo parecía casi conectado para ser el terror del bolsillo de los padres ahora que lo pensaba, pues alrededor de la zona de juegos estaban negocios como tiendas de juguetes, heladerías, locales de deporte infantil, calzado y ropa infantil, y una tienda de dulces, seguramente si Willy Wonka pusiera una sucursal en ese centro comercial ese sería. La entrada al igual que toda su fachada estaba delicadamente decorada con dulces artificiales, dos bastones de dulces enmarcaban la puerta y de sus puntas dos campanillas sonaban al abrirse la puerta, las ventanas tenían lluvia de goma de mascar y a sus pies lo que parecían elfos de Santa en medio de un jardín de paletas de colores, en el techo improvisado había algodón de azúcar blanco simulando nieve, además de típicos adornos navideños pero en caramelo. Encima de los bastones de caramelo había un letrero:  Andy's Candy.

Entró decidida pero como si se tratara de cualquier cliente, vio cuán ocupado estaba el dueño pues no tenía empleados por lo que pudo seguir observando cómo se movía el negocio. Durante unos minutos miraba estantes y mesas llenas de diferentes dulces, muchos ni los conocía, pero finalmente se decidió hablar con el dueño cuando se encontró sola en medio del local, el pobre dueño parecía estar realmente agradecido por el pequeño respiro que se daba, después de atender a una familia con 6 hijos cualquiera queda exhausto, aunque Lynn no se podía ni explicar como podían tener tantos hijos y no enloquecer o caer en ruina después podría pensar en eso, ahora era el momento perfecto para hacer su jugada.

-Disculpe, ¿Es ud Andy, como dice el nombre de la tienda o solo es el nombre del local?

-Mi nombre es Andrew, pero cuando empecé solían llamarme Andy. Como pasa el tiempo.

-Entiendo.

-¿Le importaría esperarme un momento? Cada vez que viene la familia Wright es un dolor de cabeza, pero son de mis mejores clientes, solo que a mi edad la paciencia y el físico se van acabando más rápidamente.

-Descuide.. ¿De hecho podría hablar con Ud. un momento? Quisiera preguntarle algo.

-Desde luego, pregunta hija.

-Creo que lo mejor es ser directa con Ud., verá en estos momentos necesito un empleo, y podría hablar del porqué o hablarle de mis problemas pero el papel de frágil no va conmigo. ¿Siendo sincero no cree que necesita ayuda, por lo menos en esta época del año? Tanto Halloween como Navidad son épocas de bastante clientela, permítame ayudarle y Ud. también me ayudaría, no solo por el dinero sino dándome mi primer oportunidad de empleo. ¿Qué dice?

Durante unos segundos Andy estuvo mirando a Lynn, le impresionaba lo decidida y directa que era.

-Mira.. Umm.. ¿Cómo dices que te llamas?

-Lynn.. Lynn Fernsby

-Ok, Mira Lynn.. lo que dices es bastante cierto pero no he llevado una vida empresarial con muchos ayudantes que digamos, ¿De verdad te gustaría que este fuera tu primer empleo?

-Sr. Andy..

-Andy era hace muchos años.. Decirme ahora así suena incluso incómodo. Dime Sr. Collins ¿Te parece?

-Me parece bien, como iba diciéndole necesito en verdad el empleo, no tiene idea como me ayudaría en diferentes formas. Tomemos esto como una experiencia para ambos, yo como empleada y Ud. como empleador de nuevo. ¿Qué dice?

-¿Estas decidida verdad? Espero no equivocarme, ven mañana a las 8:00 a.m.

-Gracias Sr. Collins! No se arrepentirá, nos vemos mañana entonces - y con una sonrisa se despedía.

-Una ultima cosa.. Háblame menos señorialmente, puedes hablarme de Tu. -y a su vez le devolvía la sonrisa.

-Ok, Perfecto.

Era una victoria para sí misma, estaba realmente feliz como no lo había estado hacía rato, así que decidió comprar un helado para comerlo camino a casa, Coco & Macadamia, su favorito en verano pues solía creer que era muy tropical aquella rara combinación sin saber porqué.

Por fin las cosas parecían empezar a cambiar para Lynn Fernsby.

jueves, 27 de marzo de 2014

#03 Regresando a la realidad, Adiós Suzanne Collins



Durante el tiempo que Lynn estuvo leyendo la saga de Los Juegos del Hambre, no notó en absoluto que se fue distanciando de su familia, si ya de por sí poco veía a su madre por su trabajo, ahora menos, y en cuanto a Nathan, él estaba pasando por una etapa de afición a un famoso juego de pixeles, Minecraft, así que a él la vida se le pasaba entre sus clases en el colegio y su mundo pixelado.

Los días en los que aquellos tres libros eran su vida Lynn tampoco se percató de otras cosas a su alrededor, como por ejemplo que las raciones de comida eran cada vez mas pequeñas, lo vacía que se empezaba a tornar la nevera cada vez que la abría o que se habían acabado aquellos mimos que le daba su madre con meriendas exquisitas como helados, postres o dulces. Aunque al principio solo pensó que era cosa del olvido de su madre por hacer la compra, semanas más tarde se dio cuenta lo equivocada que estaba.

Era finales de Noviembre y ya se empezaba a sentir que se avecinaba el invierno, seguramente si fueran estadounidenses estarían celebrando acción de gracias, y eso habría hecho notar aún más la escasez de alimentos. Puede que haya sido ver la conducta extraña de su madre cada vez que debía cocinar, o bueno ingeniárselas para cocinar con lo que tenían y no demostrarles preocupación, o el constante aburrimiento de quedarse en casa sin hacer nada, puede que ambas cosas hayan motivado a Lynn a optar por conseguir un empleo, no quiso decírselo a su madre, pues quizás se sentiría culpable por no dar a basto para los tres; pero cómo no estar pasando esa crisis económica, si tras la partida del Sr. Fernsby y como parte del acuerdo, el les dejaría la casa y se ocultaría la realidad a los demás, por lo que sin haber divorcio no habría manutención, más aún con su paradero siendo desconocido, y Katherynn tampoco podía pedir ayuda a sus hermanas, pues siendo una de ella juezas no iba a pasar por alto el abandono del Sr. Fernsby.

Lynn sabía que como menor de edad sus aspiraciones a un empleo digno y de buena paga serían escasas, y si a eso le sumábamos que se acercaba la época de navidad, las cosas no pintaban muy bien. Aún así pensó que quizás, y por la misma razón habrían algunos empleos que la gente no quisiera en navidad, para muchos esa época es para descansar. Se dirigió entonces a un pequeño centro comercial, y al entrar, una gran cantidad de emociones la invadieron, dando lugar a hermosos recuerdos de navidad de su infancia, en dónde su familia salía a la calle tras ver el primer copo de nieve caer sin importar la hora, era hermoso ver como la ciudad poco a poco se vestía de blanco, o cómo salía con su padre a recoger leña a un bosque cercano, aunque donde vivían vendían leña y en ese entonces el dinero no supondría un problema, la verdad es que la pequeña Lynn adoraba salir con su padre y respirar ese aire con ligero olor a pino, sacar un termo y beber chocolate caliente en las inmediaciones del bosque, para al final del día reunirse junto a la chimenea y contemplar las llamas mientras su madre les leía Un Cuento de Navidad de Charles Dickens. Pero ahora mientras ve la lluvia de luces que cae del techo y cómo todas y cada una de las tiendas esta adornada y desbordando el espíritu de la navidad, a Lynn no le queda de otra que atesorar esos bellos recuerdos, pues se había dado cuenta cuánto habían cambiado las cosas desde aquél entonces.

Mientras observaba maravillada el lugar, notaba a su vez las posibilidades de trabajo que veía a simple vista, habían chicas de su edad vestidas de duendecillas repartiendo galletas a los visitantes, otro grupo de niños y niñas también vestidos de duendes acompañaban a Santa Claus mientras sentaba a los niños que en orden iban contándole los buenos que habían sido y su deseo de navidad, por otra parte veía dependientas en cada tienda con un hermoso atuendo de la Sra. Claus, también a un duende que conducía un tren que recorría el centro comercial, este año incluso había designado la antigua zona donde había una pequeña tienda de cupcakes que ahora estaba en una locación más grande, pues habían crecido como empresa, para un mini parque de nieve con iglús, trincheras y que estaba diseñado para lo que obviamente se veía como una guerra de bolas de nieve vigilado por unos apuestos cascanueces.



miércoles, 26 de marzo de 2014

#02 Una nota, Una madre y Los Juegos del Hambre



La mañana siguiente a la partida del Sr, Fernsby, Lynn se levantó tarde y aunque su madre siempre la llamaba a desayunar incluso durante el verano y vacaciones de navidad, no protestó y siguió dando vueltas durante un buen rato antes de bajar al comedor.

Al llegar al comedor, ve a su madre retraída, con un aspecto taciturno, no se había bañado pues estaba aún en pijama y con el levantador que le había obsequiado la tía Evelynn, estaba con los brazos sobre la mesa deteniéndose la cabeza, como si en cualquier momento de descuido se le fuera a desprender, si mirada esta vacía y fija , como cegada por algo que sólo ella veía a través de la ventana de la cocina, y sobre la mesa una papel de memo.

Lynn se acercó, pero su madre parecía como si no percibiera su presencia, estaba completamente aislada del mundo, ahora más de cerca Lynn se dio cuenta de que estuvo llorando, pues además de su expresión se podía ver los rastros que las lágrimas habían dejado al pasar por las mejillas de su madre, y que muy seguramente si se hubiera bañado y arreglado como de costumbre estarían manchadas de maquillaje.

"PERDÓN"

Era lo único que decía el papel de memo, reconoció la caligrafía de su padre, cursiva y con una leve inclinación hacia la derecha, como si su letra siempre fuera tan optimista mirando hacia el futuro.

-¿Mamá?.. ¿Te encuentras bien? -dijo buscando con sus ojos los suyos, y esperando que su madre regresase a la pequeña cocina de su casa.

Lynn acercó una silla y se sentó a su lado, la rodeado con sus brazos y puso le puso la cabeza contra sus hombros, y así permanecieron un par de minutos en silencio; se podía escuchar a lo lejos un ave cantar, pero salvo eso era silencio absoluto, y Nathan dormía ignorando aquella conmovedora escena.

-Es mi culpa.. No se qué hice mal.

-Claro que no, Papá es el que esta equivocado.

-Pero ¿Y Si fui apresurada? ¿Debí darle mas tiempo? ¿Me estaré volviendo fea y vieja?

-Por supuesto que no! Mira, eres hermosa, inteligente y amorosa, no dejes que un hombre que te abandona se lleve consigo tu seguridad.

-Lynn, hay ocasiones en que ya no se quién hace de madre y de hija en esta casa, mírame aquí sentada llorando y hecha un desastre por tu padre, y tu como siempre sacándole el lado bueno a todo, encontrando bondad en los demás.

----Ay mamá, si supieras lo decepcionada que estoy de la vida no dirías eso-- pensó Lynn



Durante los días siguientes a la partida del Sr, Fernsby, Katherynn tenía momentos de debilidad en donde se miraba al espejo y echaba a llorar, se quedaba y al cabo de un rato Lynn la encontraba profunda, la arropaba y la dejaba descansar; no le decía nada, pues en ocasiones es mejor exteriorizar lo que sentimos, pero incluso en oportunidades puede que nuestra mente nos haga ignorar lo que pasa y no sintamos nada, a manera de protegernos supongo.

Nathan por su parte siempre fue despegado de su padre, y por el contrario le gustaba estar solo, compartía poco con su madre y si con alguien en esa casa llegaba a interactuar de manera mas seguida, esa era Lynn, por lo que la noticia de la partida de su padre, aunque le tomó por sorpresa se lo esperaba; era bastante maduro para su edad y aceptaba la vida como una realidad que debemos afrontar.

Durante las siguientes semanas intentó distraerse del tema de su padre, así que aprovechó el tiempo y empezó a leer 3 libros que tenía guardados en su mesita de noche, se los había enviado su prima desde Alemania hace un par de meses por su cumpleaños pero había pasado de ellos. Lynn por lo general le daban igual las cosas que estuvieran en furor en ese momento, como la moda, la música, las películas, libros, etc; por lo que al leer los títulos de los libros hace meses pensó que sería una del montón y que dentro de poco se vería como las demás chicas que estaban en su ultimo año de preparatoria, completamente locas, pero tal vez por las circunstancias pudiera tener otra perspectiva más objetiva y sin prejuicios.

Los Juegos Del Hambre, En Llamas y Sinsajo, estos eran los nombres de los libros.

Sabía que se habían hecho películas de los libros, por lo menos de los dos primeros hasta el momento, y que al igual que pasó con Harry Potter, salían grupos de adolescentes y no tan adolescentes, por no llamarlos tribus urbanas, que pasaban el tiempo del intermedio de clases para sentarse en una zona de kioskos de la preparatoria a debatir sobre el tema, a veces los veía reunidos en fines de semana incluso disfrazados de alumnos del colegio Harry Potter en un parque cerca de su casa.

Poco a poco fue leyendo el primer libro, y no sabría decir si fue la trama tan bien argumentada o el hecho que fuera narrado en primera persona, que hacía que Lynn se adentrara más y más en el mundo de Los Juegos del Hambre.













domingo, 23 de marzo de 2014

#01 La Cárcel de los Perdidos




Recién comenzaba la primavera y para muchos era un motivo de alegría, pues sus días ya no serían vestidos por el gris del cielo nublado ni la ciudad se vería arropada por la densa niebla en las mañanas. Pero alguien observaba tras su ventana, veía el ascenso de la neblina y mientras lo hacía dejaba que su mente se elevara junto con ella, en cierto modo eran buenos tiempos a pesar del frío; pero incluso ahora con el cambio de estación no podía evitar ver por su ventana y pensar.

Veía como el mundo seguía su curso, como la Señora Aldrich salía todos los días a las 6:30 a.m. en su acostumbrado camisón de dormir aceituna de seda, acompañado de un abrigo ligero de lana color gris y servía leche en un plato al lado de la puerta, evidentemente esperaba que su mascota Noxy, su gata Korat que su hija le había traído de Tailandia de la ciudad que da origen a su nombre en uno de sus viajes como escritora, la gata, tan elegante como los finos gustos de dueña, poseía ojos verde y siempre alertas, y ni hablar de su fino pelaje; pero lo que la Señora Aldrich desconocía era como ese plato de leche que servía cada mañana alimentaba además de su gata, a dos gatos siameses de un vecino al otro lado la calle, quienes ya habían notado su rutina y se aprovechaban de que Noxy dormía plácidamente varios minutos más, y era la razón de su constante enojo al ver su plato en varias ocasiones vacío al despertar.

Pero lejos de reparar siempre en este tipo de situaciones nuestra protagonista, Lynn de 17 años, en su gran mayoría de veces solo dejaba fija su mirada, y aunque las cosas pasaran delante suyo, su mente por el contrario estaría en otra parte. Se cuestionaba ¿Cómo es una vida normal? ¿Qué o quién determina lo que es normal en esta vida?, la televisión y el cine nos venden imágenes de unión familiar y momentos de alegría con amigos; todo esto para ella era solo una ilusión.

Para poder entender su punto de vista deberíamos saber un poco mas de Lynn, su padre Patrick Fernsby había fallecido desde hace 2 años, pero para ella murió el día que abandonó a su madre y su hermano menor Nathan, quién ahora tiene 12 años, por otra mujer, quién a simple vista se le notaban sus intenciones, ¿Cuáles eran?, simple, drenarle el dinero que había recibido por el fallecimiento de su abuelo, Noah Fernsby. Quizás no le molestaría tanto de haber respondido por ellos, pero no fue así y en medida preventiva, Lynn persuadió a su madre para que una de tantas noches en las que el Sr. Fernsby llegaba ebrio, le hiciese firmar un documento de traspaso de bienes categorizado como donación de propiedad.

-No Lynn, esto puede ser ilegal.. y...

-Y qué? ¿Acaso no ves lo que está pasando aquí?!

-Lynn baja la voz tu hermano esta durmiendo -dijo algo desconcertada.

-Vale, pero dime ¿Qué te detiene?

-No espero que lo entiendas, pero realmente espero que esto sea una fase, que tu padre..

-..Se vaya con otra?? ¿Acaso eres tan ciega madre?-sus ojos ya vislumbraban pequeñas lágrimas- Por favor, no ves que esto va a terminar con nosotros.

La Señora Frensby rompe en llanto, y horrorizada como si recién la realidad le cayera como un baldado de agua frío en invierno, se llevó sus manos a la cara avergonzada, y en medio de jadeos entrecortados posó su cabeza sobre los hombros de su hija.

-Madre, entiéndelo. -dijo mientras la rodeaba con sus brazos- Entre lo que se gasta todas las noches bebiendo y lo que esa golfa le sacará sin que él se de cuenta, pronto no habrá dinero, debemos asegurar lo poco que queda antes de que lo perdamos.

-Hija, no creas que no lo sé, solo que no esperaba que las cosas con los años acabasen así.

-Mírame -La Sra. Fernsby levantó levemente su mirada, tal cual hacía su hija de pequeña luego de ser regañada- Quiero que sepas que a diferencia de las novelas, el amor de un hombre no siempre perdura, pero Nathan y yo, tus hijos, siempre.. escúchame bien, SIEMPRE estaremos contigo, te amo madre.

-Oh Lynn, cuanto has crecido mi niña, y no solo lo digo en centímetros, has madurado y ni lo he notado, gracias hija.

-Supongo que es preferible ver la vida a través de una ventana que de un televisor.

Era pasada la medianoche y en medio de llanto y consuelo la Sra. Fernsby junto con su hija concluyeron en lo iba a pasar un par de horas mas tarde, cuando en las inmediaciones de una silenciosa noche de otoño hace poco más de dos años se viera interrumpida por la poca sutileza del Sr. Fernsby al llegar a casa. Ya adentro, la Sra. Fernsby como puede lo sienta en una de las sillas del comedor, pues había acordado con Lynn que ella no estaría presente; soportando el fétido olor a alcohol que emanaba no solo de su, boca con cada balbuceo que daba, sino también de su ropa, aparentemente se había regado encima mas de un trago, y creando tanto el ambiente como el personaje de la fiel y dedicada esposa, preparó un caldo mientras él babeaba dormido encima de los individuales de flores encima de la mesa. Una vez estuvo listo el caldo lo despertó y al igual que hacía años atrás alimentaba a Lynn y Nathan, alimentó cucharada tras cucharada a su esposo, quién de vez en cuando tosía y regaba parte del caldo, cuando terminó el plato lo dejo tendido de nuevo en el comedor durmiendo.

Era una fortuna en esos momentos para la Sra. Fernsby que su reloj cucú hubiera dejado de funcionar hacía un par de meses, pues para como tenía los nervios en ese entonces muy seguramente se habría dado un susto de muerte. Pero aún si no había un cucú que le avisara la hora no era necesario, pues había estado frenéticamente viendo la hora cada minuto y pensaba que el tiempo no pasaba, si ese cucú estuviera funcionando habría salido y advertido que ya eran las 4:00 a.m. Habiendo pasado ya dos horas aproximadamente que su marido yacía dormido en el comedor, creyó conveniente proceder y afrontar sus miedos, así que puso a hacer café y mientras éste se hacía cientos de escenarios, situaciones y finales pasaron por su mente a manera de premonición consecuencia de lo que iba a hacer, pero volvió a la realidad al oír el pitido de la cafetera que anunciaba que el café estaba listo. Con sutileza y convirtiendo el miedo en valor, despertó a su esposo.

-Cariño.. despierta... Vamos Patrick despiértate.

-..Mmm.. ¿Dónde estoy? ¿Qué hora es mujer? -dijo mientras apenas si podía abrir los ojos, pues a pesar de estar la casa sin luces encendidas, la ventaja de la cocina dejaba entrar los primeros vestigios de luz del día.

-Anda, tómate esto. -dijo acercándole la taza de café- Patrick, es tiempo de que hablemos.

El Sr. Fernsby solo la miró intrigado, ¿Qué podrían hablar a esas horas que no podría esperar a más tarde?, igual asintió con la cabeza mientras bebía a sorbos su café.

-Cuando nos casamos, además de jurarnos amor, prometimos hacer siempre lo mejor por nuestros hijos, bueno en ese momento Lynn. 

Él solo asintió de nuevo pero con los ojos cerrados, de cierto modo se podría decir que ya sabía hacia dónde iba todo eso.

-Y por mucho tiempo te he amado, pero también por ya hace algún tiempo he tolerado tu comportamiento últimamente, Patrick.. -dijo mientras lo tomaba de las manos y buscaba con sus ojos los suyos que estaban clavados en la negrura de su café- debes admitir que esto ya ha tomado un giro que no puedes controlar, tus constantes noches de borracheras, y tus escapadas con esa tal Natasha, sí lo se, y no solo yo, tus hijos se han dado cuenta, y no podemos tolerarlo más.

Poco a poco el rostro del Sr. Fernsby fue tornándose de diferentes maneras, que solo exponían sus sentimientos a escuchar esas palabras: primero sorpresa, luego vergüenza y finalmente tristeza, aunque esta ultima muy seguramente mezclada con algo de ira, pues lamentaba lo que había hecho, bueno en ese momento lo sentía.

-Sé que a ti te importa mucho la imagen ante la sociedad, y no quieres quedar mal, yo por mi parte solo quiero garantizar algo, mi vida con mis hijos en esta casa. Podrás ser libre de hacer lo que quieras, incluso irte lejos con tu Natasha, no diremos nada, sólo sería como si te hubieras ido de viaje de negocios; pero quiero que firmes este documento de traspaso de bienes, más que ni por mi hazlo por tus hijos.

-Esta bien.

En ese momento nunca se sabría si fue por la serenidad que manejo la Sra. Fernsby o el trato que le brindó sin objeciones mientras el furtivamente tenía su aventura con la sueca Natasha; pero aún así cualquier juraría que el Sr. Fernsby cambiaría noblemente entregando su casa a su esposa e hijos. 

Luego de firmado el documento la tensión en la casa era extraña, largos y profundos silencios en la mesa, la Sra. Fernsby por su parte se sentía como si le hubiera robado, el Sr. Fernsby avergonzado y pensativo pues no sabia que iba a hacer, Lynn pensando que se le estaba pasando por la mente a su padre y que había pasado esa noche en cuestión, y Nathan cuestionándose a qué se debía tanto silencio.
Semanas después el Sr. Fernsby tomó una decisión y bajo la luna de una fresca noche de otoño se marchó, solo dejando una nota:


                                                           PERDÓN










#00 Primera Incursión.. Tienes que escribir!

Desde mis inicios como lector a temprana edad siempre he admirado el trabajo de los escritores, su don para crear lugares, mundos o incluso universos, personajes, criaturas, sentimientos y tramas, que siendo ficticios, nos involucran a un nivel tal, que podemos ver a través de la mente del autor.

Por esta razón, con gran temor e intentando vencer mis miedos internos a escribir, y con el consejo de dos personas opto por este blog. No espero realmente que alguien lea esto, lo hago a manera de práctica y en un futuro, como punto de referencia de mis inicios escribiendo; y en caso de que alguien lo llegue a leerlo sería de gran ayuda comentarios constructivos.

No sé realmente sobre que escribiré exactamente, pero lo que si espero es lograr ejercitar mi mente y mejorar con cada entrada. Si bien no tengo ningún entrenamiento en el área de la escritura, la lectura es mi aliada y sé que de algún modo eso me ayudará; y aunque escriba sobre las cosas mas sencillas que me puedan pasar o que pueda ver, o por el contrario trate algún tema en específico o escriba historias, solo sé que espero algún mirar atrás y ver un progreso en el arte de escribir.